Humboldt, un hombre sabio

Considerado el padre de la geografia moderna, Alexander von Humboldt , destacó como un sabio de extraordinaria relevancia. Tal vez sólo comparable en conocimientos con Leonado Da Vinci.

Se especializó en áreas de la ciencia tan diversas como etnografía, climatología, astronomía, antropología, física, oceanografía, mineralogía, botánica, vulcanología, zoología, geología, filosofía, lingüística. No obstante, su nombre ha quedado históricamente asociado a su labor como geógrafo y a sus viajes de exploración, que lo llevaron por Europa, América del Sur y del Norte y Asia Central.

Hijo de un oficial del ejército, quiso dedicarse a la carrera militar, pero un viaje a Holanda e Inglaterra le hizo soñar con navegar a otros continentes e inició su formación como botánico y geógrafo.

Más adelante, en compañía de un francés y un ecuatoriano, recorrió y exploró toda América del Sur y Centroamérica . Entre sus logros, recopiló gran cantidad de datos sobre el clima, los recursos naturales, la flora y la fauna de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba, etc., y realizó importantes estudios sobre los volcanes.

Humboldt también viajó a Estados Unidos, donde fue invitado del presidente Thomas Jefferson, gran aficionado a los estudios geográficos. En EE UU, el científico alemán se distinguió además por su gran  oposición a la esclavitud. Entre 1804 y 1827 se estableció en París, donde publicó el material recogido en treinta volúmenes que llevan por título Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente.

Uno de los hallazgos de sus expediciones es el estudio sobre el vulcanismo y su relación con la evolución de la corteza terrestre. Asimismo, durante su estancia en Perú, analizó la diferencia de temperaturas del océano Pacífico en determinadas épocas del año, especialmente las aguas frías que vienen del sur del continente americano hasta el norte. Por ello esta corriente oceánica fue bautizada como corriente de Humboldt.

En 1829, por encargo del zar, realizó un viaje por toda la Rusia asiática en el curso del cual visitó Dzhungaria  y el macizo de Altái. Durante los últimos veinticinco años de su vida se dedicó principalmente a redactar su obra más ambiciosa, Cosmos, una visión de la estructura del universo.

Tras haber gastado toda su fortuna, murió el 6 de mayo de 1859 sin dejar descendientes.

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